Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

28.4.13

La vida

Era un agujero negro, un pozo sin fondo. Era un negro espeluznante y escalofriante, de esos que te envuelven y te hacen temblar el corazón de frío. Era la oscuridad en sí misma, la que se traga la luz, la que no es un resultado sino materia. Era una oscuridad densa, de aire viciado y lúgubre. La oscuridad infinita de un pasadizo sin salida, sin luz y sin vida. La oscuridad de una noche eterna, noche sin luna, sin estrellas y sin nada. Sólo noche. Sólo oscuridad.

Y, de repente, algo blanco. Una florecilla diminuta, de cinco pétalos, blanca y pura como la luz, tanto que disipa las tinieblas de su alrededor. Una florecilla viva, que desprende vida y consume vida. Una pequeña y diminuta mota de esperanza de cinco pétalos. Un tablón al que agarrarse en la tormenta marina. Algo con lo que mantenerse a flote, mantenerse vivo.

Una diminuta flor blanca de cinco pétalos que venció a la oscuridad mientras duró su existencia. Una diminuta partícula de esperanza que iluminó a la oscuridad de la tristeza.

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