Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

28.4.13

La vida

Era un agujero negro, un pozo sin fondo. Era un negro espeluznante y escalofriante, de esos que te envuelven y te hacen temblar el corazón de frío. Era la oscuridad en sí misma, la que se traga la luz, la que no es un resultado sino materia. Era una oscuridad densa, de aire viciado y lúgubre. La oscuridad infinita de un pasadizo sin salida, sin luz y sin vida. La oscuridad de una noche eterna, noche sin luna, sin estrellas y sin nada. Sólo noche. Sólo oscuridad.

Y, de repente, algo blanco. Una florecilla diminuta, de cinco pétalos, blanca y pura como la luz, tanto que disipa las tinieblas de su alrededor. Una florecilla viva, que desprende vida y consume vida. Una pequeña y diminuta mota de esperanza de cinco pétalos. Un tablón al que agarrarse en la tormenta marina. Algo con lo que mantenerse a flote, mantenerse vivo.

Una diminuta flor blanca de cinco pétalos que venció a la oscuridad mientras duró su existencia. Una diminuta partícula de esperanza que iluminó a la oscuridad de la tristeza.

22.4.13

¿Qué me queda?


¿Qué me queda cuando te has llevado todo lo tuyo que fue mío?
Tan solo me quedan pedazos de recuerdos, de sentimientos y de emociones. Tan solo me queda el olor de tus palabras y el sabor de tu silueta, un poco de mí y un tanto de ti. Pero son apenas sensaciones alejadas, difuminadas en mi memoria. Se quedan en eso: ideas, viento que viene y que va... 
Físicamente, quizá me quede un mar en el que perderme. Un cielo sin estrellas, o quizá una luz sin brillo. Quizá quede un fuego que no caliente. Quizá quede un papel arrugado, escrito a mano, que hablaba de sentimientos y acabó hablando del vacío. Del adiós.

14.4.13

Tranquila, fría, distante y sola

No ha pasado nada.

No ocurre que sopla el viento y las lágrimas caen, no cae la lluvia ni suena el móvil, no se mueven las nubes ni se vierte la sangre.
No ocurre nada. No se rompen corazones ni se dañan sentimientos, no se miran fotos sin dolor en el pecho. No duele la cabeza, no duele el corazón. No duele nada. No hay analgésicos ni calmantes. No son necesarios.
Todo está tan tranquilo... tan tranquilo que da miedo mirarlo. Tan tranquilo que no se mueve, como si el tiempo no existiera; tan tranquilo como si nadie existiera, tan tranquilo como si no ocurriera nada.
A la vez el tiempo es tan frío... tan frío que mata. Tan frío como un témpano de hielo, como una mañana de enero, como una noche de helada, como los cadáveres; tan frío como el silencio, tan frío como el inmenso vacío...
Tan frío y tan distante... que parece que se pierde en el horizonte infinito. Tan distante que parece que no existe, que no puede hacer daño, tanto, que parece que no inmuta..., todo parece tan distante como si no fuera mi vida, como si no se tratara de nada mío y nada me afectara.

Nada de esto es real. Nada de esto quiere entrar en mi cabeza. Nada de esto existe. No hay momentos fríos. Ni momentos lejanos. Ni momentos tristes. No existe nada.
Sólo estoy llorando. Todo está tan tranquilo..., tan frío, tan irreal y distante, que parece como si no pasara nada. Pero pasa. Todo pasa. Todo sigue pasando.