Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

11.12.12

Sueños vs Realidad

Se hablaba de un niño cualquiera, de estos chiquitos, de unos tres o cuatro años, rubitos, lindos, de mejillas sonrosadas y ojillos azulados. De estos que aún conservan los dientecillos de leche y corren como condenados mientras pegan chillidos los muy adorables.
Era este chiquillo en la calle junto a su mamá. Ella le sonreía con cariño y le cogía la manita al tiempo que le decía que no había que cruzar nunca con el semáforo en rojo. El niño asentía pero su atención estaba fijada en otra cosa. 
Al otro lado de la calle había un señor vendiendo globos. Estos globos grandes, con formas, hinchaditos y flotantes, de colorines que atraen a los niñitos. 
El churumbel alzó la rechonchilla manita que no asía a su mamá y señaló los globos al tiempo que sus labios formaban una 'U' y pronunciaba dicha vocal. Tiró de la mano a su mamá y empezó a dar pequeños saltitos de emoción.
La mayoría de las madres dejarían al niño con la perreta del globo, pero hoy ella se encontraba de buen humor y tomó al niño en sus brazos al tiempo que le preguntaba si quería un globito y comenzando a cruzar la calle le dio un beso en la mejilla.
El nene eligió un globo grande y de muchos colores, tan bonito que parecía hecho de alegría. Le dio la mano a su mamá y mirando al globito siguió caminando hacia su casa.
Dejaba que el globo lo elevara y venciera su peso cual sueño eleva a las nubes a la persona cuando duerme en la cama. El niño sonreía y flotaba con el lobo como dos pajarillos flotan jubilosos de su libertad.

...

El niño tiene ahora unos quince años, dieciséis quizá. Tiene el pelillo más oscuro que de chico y la tez más pecosa. Sus manos ya no son rechonchetas y sus mejillas ya no son sonrosadas. 
Mira el globo de su mano, que aún está hinchado y flotante. El globo sigue flotando pero esta vez por encima de la cabeza del chico. Ya no lo eleva. Ya no flotan juntos.
El chicaruelo tiene una cadena atada a sus piernas y al suelo. Es lo que le impide volar. Sus pies se elevan del suelo pero apenas avanza veinte centímetros junto con el globo hasta que las cadenas le retienen.

Cuando es adulto suelta el globo, ya que "son cosas de niños". Vive encadenado sin nada que lo eleve y sin poder elevarse por sí mismo.

De anciano, sueña con su globo.

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