Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

20.8.12

No quiero hacer daño nunca más

Había una chica cuyo trabajo era llevar una bandeja con utensilios y figuras de cristal para aquí y para allá. Ella no tenía mucho equilibrio, y muchas veces se le caían los cristales y se partían en muchos pedazos y ella, llorando, los recogía con la cabeza gacha y los pegaba, y no dejaba de llorar hasta que los ponía otra vez en la bandeja y se alzaba; pero, claro, al estar pegados no se veían igual que al principio, y el jefe de la chica estaba cansado de escucharla decir que tendría más cuidado y más equilibrio para no volver a tirar nada de la bandeja. Pero no sabía cómo mejorar su equilibrio.
Hasta que un día, harta, se miró al espejo y se dijo:
- No quiero ser siempre la chica que tira las copas.
Y poco a poco, muy poco a poco fue cambiando: primero las piernas, las hizo más rectas y fuertes para no tambalearse al tener mucho peso y sentir que no puede con él; luego el torso, lo hizo también más fuerte para poder soportar los golpes que le daba el viento de la vida y que la dejaban sin respiración; luego los brazos, los hizo más ágiles para poder atrapar las figuras de cristal en el aire y evitar que cayeran al suelo y se rompieran, y no verlos caer y permanecer impasible, como siempre; y por último los oídos, donde se encuentra el sentido del equilibrio, porque hay que aprender a escuchar para mejorar y cuanto más escuchaba la chica y más se abría a lo que otros le decían, más errores descubría en su forma de llevar las bandejas y sabía que, a pesar de los errores cometidos, aprendería a pegar bien sus figuritas para que no se notara que se habían caído y fuera como si nunca hubiera pasado nada y aprendería a llevar bien la bandeja.

Ella sabía que no haría falta cambiar de chica, que ella podía ser perfecta para ese trabajo y que si prestaba atención y cuidado a esas figuras de cristal llegaría un día que, si se le caía una, no importaría porque las demás llevarían mucho tiempo intactas y, a parte, la sabría pegar.

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