Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

15.2.12

Y en la sombra de las olas...

Él dijo:
-¿Qué soy yo para ti?
Y ella estuvo mucho tiempo en silencio viendo cómo el sol se ponía tras las montañas y sus reflejos destellaban sobre el mar, pero pasado un tiempo contestó:
-Eres... eres la principal razón por la cual día a día me digo a mí misma: oye, la vida vale la pena; sigue viviendo, le tienes a él. Eres como el perro de un ciego, el bastón de un cojo o los brazos de un sordo.
Y lo que dijo era verdad.
Él sonrió y la besó.

Dejaron el candado cerrado en un lugar donde nadie se le ocurriría ponerlo, prometiéndose entre ellos que lo cambiarían de sitio durante el resto de su vida, iría por la isla, por toda España y por Europa. A Roma, a la fuente de Trevi; o a París, al puente de los candados. Sabe Dios dónde morirá ese candado. Quizás en ningún sitio; quizás, como el amor, viva para siempre.

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