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Siente...
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29.12.11

Noche en vela: el tejado

Hoy me cuesta un poco subir.
Voy a un lugar al que suelo acudir cuando quiero pensar a solas. Es un techo de una casa al que puedo trepar fácilmente por una valla. Un lugar polvoriento, sí, pero tranquilo. Desde donde puedes observar a la gente y desde donde la gente te ve, pero no te mira, no se fija en ti.
Son cerca de las tres de la madrugada y no estoy en mi casa, ¿qué mejor sitio al que acudir?
Me tumbo en el polvoriento tejado y miro hacia la nada. En el cielo no brillan estrellas. ¿Nubes? No, contaminación lumínica.
¿Qué estoy haciendo aquí?, me pregunto. La verdad es que no lo sé. Estoy muy cansada, llevo bastantes horas sin dormir y un rato sin saber a dónde dirigirme. A dónde llevar mis pasos. Dónde dejar yacer mi alma.
Cierro los ojos dejando que un líquido salado ruede por mis mejillas. No estoy feliz. Tampoco triste. Simplemente, no hay nada. Cuando tu madre te da la espalda es como si dejara de existir tu vida.
Pasan muchas cosas por mi cabeza. Recuerdo a mi padre, una semana atrás; durmió sobre unas jodidas escaleras. ¿Dormiré yo en un techo polvoriento, abrigada por el frío, abrazada por la soledad? Si no sufriera insomnio, lo haría, seguro.
Me ataca el dolor. Ese dolor infinito e indescriptible que no sentía desde hacía mucho tiempo. Llevo un cúter en la mochila, ¿debería usarlo, abrirme tajos en la piel hasta no poder más, hasta sentirme cansada de ver la sangre salir poco a poco de mi cuerpo?
"Como lo vuelvas a hacer, te juro que no te vuelvo a hablar nunca" 
Sus palabras retumban en mi cabeza. No puedo.
Me atacan los sollozos cuando pienso: si le pierdo a él, lo pierdo todo. 
No puedo aliviar mi martirio ni sacarlo de mi cuerpo. Sólo quiero no haber existido nunca para no tener que morir ahora.

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