Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

29.11.11

Como lava sobre mi piel

Cuando te miré a los ojos, supe que estaba descontrolada.
Claro que, al estar descontrolada, solo me podía fijar en ese tono verde musgo de tus ojos.
Y tus labios. En las comisuras de los míos. Probando el terreno desconocido. 
Y ese momento de incertidumbre en el que no sabías qué hacer, si seguir o parar.
Y el beso. Ah, el beso. Qué descontrol, era lava ardiendo.

Y en décimas de segundo, recobré el control de mi cuerpo.
Mi mente racional volvió a su sitio y ahuyentó a todas las hormonas que montaban botellón en mi cuerpo.

Te separé de mí. ¿Cómo había llegado a esta situación?
Te oculté mi rostro. ¿Qué había hecho?
Sin quererlo, mis manos comenzaron a temblar. Todo mi cuerpo comenzó a temblar. ¿Por qué?

No puedo corresponder esos putos sentimientos, ya hay otra persona en mi corazón. 

27.11.11

Diez segundos en mi cuarto y descubrirás quién soy

Miro a mi alrededor.
Frente a mí está mi querido portátil Fujitsu Siemens, que lleva conmigo unos cuantos años y cada día está más destartalado. Si tiras de la pantalla, se desprende por uno de los lados y la batería es de aproximadamente 20 minutos. A un lado está mi lapicero, tengo varios bolis Bic, lápices, subrayadores, típex y un cargador de móvil. Al lado, otro lapicero más chiquitito que me trajo mi abuela de Salamanca, con una ranita en relieve. 
Mis cascos están sobre el escritorio, en la zona izquierda, al lado del móvil y un poco más allá hay un libro de Laura Gallego que me estoy leyendo estos días. 
Cerca del libro hay un cubo de Rubik con un reloj-despertador encima, el cual lleva años funcionando sin cambiarle la pila. También, a unos veinte centímetros, hay un peluche de un gato-esqueleto que me regaló mi mejor amigo, junto con una Death Note y una pluma. Hay un frasquito ambientador con olor a vainilla, y detrás, 25 libros de temática juvenil, y en la estantería de arriba otros tantos. En esa mismo estante, hay un marco con forma de gato sosteniendo una foto que tomé hace cuatro años con unas amigas. También hay varias caracolas que mi padre me solía traer de la playa. Faltan los libros de Memorias de Ihdun, ya que los tiene mi amiga Morfeo.
Un estante más arriba, (voy por el tercero, ya es el último de la izquierda) hay una foto mía y de mi hermano cuando fuimos a Disney en Orlando, y una foto de cuando yo era pequeña, apenas con un año o dos. También hay tres cajitas: una, la más pequeña, donde guardo delineador, lápiz, coleteros y demás; otra, que es la más grande de las que tengo sólo una carta de mi mejor amigo; y la tercera, de tamaño medio, tiene guardadas dentro infinidad de poemas, relatos, escritos por mí o por otras personas, que hablan de sentimientos. Es la llamada "Cajita de los Sentimientos".
En un estante que hay pegado a ese, volviendo a la derecha (y justo encima de mí) hay otros tantos libros, el juego de "Los hombres lobo de Castronegro", un diploma del programa de matemáticas especiales y un pequeño librito sobre los géminis que podría caber en la palma de la mano, junto a un libro de fotografías de gatos. Al lado hay un perro de peluche me regaló mi abuela, y en el primer estante (que son tres) de arriba en el lado derecho hay unos bombones que me regaló One no hace mucho, con todas las cosas que le gustan de mí escritas en papelitos dentro y un Kinder Sorpresa con un papel dentro que pone "Nunca dejaré de sorprenderte". También hay una hucha cerdito que poseo desde que tengo memoria. En el estante de abajo, una hucha de madera que sólo yo sé abrir, y muchas figuritas que he ido consiguiendo a lo largo del tiempo (en mi comunión, en la casa de mi abuela, en diversos lugares del mundo... Finalmente, en el primer estante hay tres joyeros con adquisiciones de la familia, e infinidad de pendientes, entre los cuales están unos célticos artesanales que me regaló mi abuelo.

Si miro a mi derecha, veo una ventana, y si miro a mi izquierda veo mi pared, en la cual hay un cuadro hecho a punto de cruz que me regaló una prima de mi madre a la que quiero muchísimo, y mi corchera. 
En mi corchera, encontramos infinidad de cosas: dos dibujos que me hizo mi mejor amiga, entradas del metro de parís, una foto mía tocando el piano, entradas de cine, una carta de un amigo, billetes de avión, entradas a la torre Eiffel, el Arco del Triunfo, el Jardín des Plantes, una foto de hace siglos, un mapa de Longford (el pueblo irlandés al que voy en verano), un fantasmico hecho en el taller de Hama (técnica japonesa para hacer figuras), el parte de nacimiento de mi gata Lili, una huella de mi otra gata Bolita, una estrella hecha de madera por mi mejor amigo, un dibujo de mi hermano, un sello irlandés, un papel que pone OPTIMISMO, un piano que me regaló mi amigo Alucard hecho también con Hama, varios dibujos de mis amigas (un intento de dibujo manga, un "átomo de Fanta" llamado Naranjito) una dedicatoria de Sergio, mi amigo colombiano, cuando se fue a vivir a otro lugar, entradas de las dos últimas ferias manga, un diploma de Sub-campeones en "La búsqueda del tesoro en Longford" y un póster de Rise Against.

Detrás de mí, está mi piano, con un montón de partituras encima, mi estuche en forma de gato y la antigua guitarra de mi madre (que ahora es mía) en su funda irlandesa. Hay un payaso colgando del techo en un columpio, y un espejo en forma de ventana. Atrás está mi armario, y junto a la pared, mi cama con el edredón fucsia (fosforito, me encanta) Encima de mi cama hay un peluche de un gatito que me regaló mi mejor amiga las navidades pasadas. También tengo la mochila en el suelo y la mochila de "salir" (soy mochilera) con dos cuadernos de dibujo, una libreta de pentagramas, la libreta del aburrimiento para escribir, y un Álbum del Aburrimiento, donde voy guardando mi arte.

Es una entrada un poco grande, pero me describe bastante bien, y como estaba aburrida... Si habéis llegado hasta aquí, sois unos grandes seguidores, gracias por leerme... y un beso a todos :)

23.11.11

Aquí estoy de nuevo, esta vez (tras un mes) en serio.

Voy, vengo;
vuelvo, marcho;
estoy, desaparezco;
estuve, antaño.

Pensé, escribí;
me fui, escuché;
sentí, palpé;
volver... volví.

22.11.11

Segundo folio de mi cajita de sentimientos

Yo: nah, saldre a la hora de siempre mas menos, 7 y media o asi.. almenos a las 7 y media termina la clase de armonía 
One: puede que te lleves una sorpresa el proximo ... jueves a las siete y media.
Yo: que ??? ni se te ocurra !!!
One: bueno... soy del 1%, simplemente impredecible!


Los últimos quince minutos de la clase de armonía se me hicieron eternos. No paraba de repetirle a mi amiga Lola la ilusión que me hacía, lo absurdamente nerviosa que me encontraba...
Finalmente, el profesor nos dio vía libre para irnos.
"No estoy enamorada, no lo estoy, tan sólo me atrae. Me gusta cómo me trata. Cómo me hace sentir. ¿Es eso acaso estar enamorada?" Esas eran las afirmaciones que me hacía a mí misma conforme casi corría caminaba por el pasillo que me llevaba a la salida.
"Bueno, me gusta un poquito. En el fondo, me gusta un poquito. Pero sólo eso."

Fue salir y verle apoyado en la esquina. Vi, vio; sonreí, sonrió. Se había planchado el pelo. Corrí a abrazarle, pero antes de que pudiera hacer nada, se sacó un ramo de claveles de detrás de la espalda.
-Como soy del uno por cien, no te regalo rosas, sino claveles.

20.11.11

Primer folio de mi cajita de sentimientos

Toda historia tiene un comienzo, y ésta lo tiene, pero a diferencia de otras, no tiene final. Todo comenzó un tranquilo sábado de septiembre, un día que, sin yo saberlo entonces, daría un rumbo totalmente distinto a mi vida.
Me encontraba en el parque San Telmo, como siempre, a eso de las seis de la tarde. Estaba sentada en la cúpula central, rodeada de amigos, viendo cómo jugaban a las cartas. Yo no tenía ni idea, pero me gustaba ver los duelos y aprender. Es lo que tiene ser friki. Había un continuo vaivén por la zona: gente levantándose y pululando, niños por aquí y por allí, encuentros, intercambios, etc. Alguien me habló de repente.

-¿Qué haces viendo un torneo de Yu-gi? Las Magic son mejores.
Me giré sobre mis talones para ver quién me hablaba y si lo conocía. Era un chico. Podría tener un año más que yo, quizá dos. Su cara me sonaba de vista.
-¡Qué dices! No tienes ni idea -contesté con mi habitual sonrisa.
-Por cierto, encantado, soy One. ¿Tú eres...?
-Mae.
-¿Mae... qué?
-Simplemente Mae -rei.
-Por cierto, me gusta tu camiseta -dijo señalando la prenda de Mägo de Oz que me había comprado no hacía mucho.
-¿A que mola? Gracias.
Seguimos hablando un rato de cosas sin importancia: la edad, zona en la que vivíamos, dónde estudiábamos... Al cabo de un tiempo me fui a tumbarme al césped con unos amigos que me habían llamado. Me despedí de One y me fui dando saltitos.

Después de un tiempo dormitando en el césped mientras mis amigos se reían de lo dormilona que soy, le oí llegar. Saludó a quien conocía y me llamó marmota (pero con cariño, según él).
Hablamos y hablamos, y por arte de magia, nos quedamos solos. Puse a mis queridos Mägo de Oz en el móvil, mientras charlábamos de que él sabía tocar la guitarra, yo el piano, cosas sin ton ni son.
Me sentía bastante bien, después de la pelea del día anterior con mi novio necesitaba compañía agradable.

Algo más tarde, después de hablar de todo tipo de cosas, me vino a buscar mi hermano con intención de irse. One me acompañó a la parada de guaguas (el bus de aquí) y allí fue donde nos despedimos. Ya nos habíamos dado el contacto, hablaríamos algo más tarde esa noche.

Me gusta, no me gusta

Me gusta, para escribir, sumirme
en grafito sobre papel,
áspero olor a libro viejo,
partituras recien impresas
y un suave olor a incienso.

Y no entra el ruido en mi ispiración,
salvo el pasar hojas, remover lápices
y tocar al piano melodías suaves.

Me gustan las tardes lluviosas
de agónica melancolía,
chocolate entre mis manos,
desvanecer en un sueño mi alma fría.

Me gusta querer,
saber que puedo hacerlo.
Aborrezco la mentira,
la falsedad, el odio, el miedo.
Ayudar es lo que me ayuda
y eleva mi felicidad,
ya que sé que a mi persona
nada ni nadie la puede salvar.

Me gustan cosas extrañas,
curiosas, soy singular;
sentimientos, letras y canciones
son palabras que me definirán.
No me gustan las modas
en lo más mínimo y nulo.
¿Rara? Sí, puede,
no pertenezco a este mundo.

Y no me gustan los sentimientos
envueltos por un tornado;
ni las sonrisas de la gente
si no confío en su trato.

Y, llegando a los sentimientos,
tenue noche sin luna,
son dulce y amargo escarmiento.
¿Me gustan? No sé, ¿acaso hay cura?
Me gustan los sentimientos buenos,
odio los sentimientos malos.
Obvio, ¿no? Pero
¿y si los tergiversamos?

No me gustan los poemas
que no salen de la inspiración,
sino aquellos que escribo, no con el lápiz,
sino con el corazón.