Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

27.12.10

A un océano (y pico) de distancia.

A esa distancia me encuentro de ti. 
Solucioné mis dudas y, desde aquel día, no tengo duda alguna de que te quiero... te necesito, necesito que me abraces y me libres con tu calor de este frío de la península.
Echo de menos tus besos, caricias, bromas y risas. Tu forma de hablar. Tu tacto. Todo tú. Te echo de menos...
Son numerosas las noches que me he sentido fría -no solo por fuera- por tu ausencia, por la certeza de que si te llamo al móvil tu voz tendrá que viajar miles de kilómetros hasta llegar a mí. La desilusión de no poder estar contigo en Nochebuena en la playa, como habíamos planeado hacer. La simple idea de no poder besarte cada día me desilusiona, me congela, me marchita, me hiere. 
Te necesito junto a mí, y lo sabes. Cada día te extraño más y ya no me sirve el simple hecho de oír tu voz en el teléfono.
¿Cómo me siento ahora?
Sola.
Esperando el día nueve. Nueve de enero de dos mil once. 


PD: os actualizo mi vida: he suspendido dos (aunque en realidad sólo me merecía suspender biología, tengo que reclamar la otra) y estoy castigada. No sé cómo me las he ingeniado para coger el portátil (de mi madre)... Me encuentro lejos de mis Canarias y lejos de mi C*****, y odio esta sensación (como explico arriba). Estoy leyendo Canciones para Paula, y he cogido la manía de asociar todo lo que siento con alguna canción (sí, sé que es raro). Tengo frío y empiezo a odiar la nieve. Me he vuelto a pelear con mi madre. Todo es un asco. 
Hasta más ver y hasta que encuentre la manera de renovar desde el móvil de una manera cómoda...
PD2: a partir de ahora (y para que no haya confusiones) etiquetare las facetas de mi vida con "mi diario", así que prestad atención a las etiquetas...
PD3: ¡Ah! Ana. Sí es cierta mi anterior entrada.

19.12.10

Realidad.

-Pero, ¡¿QUÉ ES TODA ESTA MIERDA?!
-Mamá, es mi cuarto, y no está desordenado.
-¡¡Recoje todo esto ahora, YA!!
-Vale, vale... ya recojo.
Mi madre se va malhumorada por el pasillo mientras yo recojo mi cuarto. Mierda. Se me han olvidado las zapatillas en la cocina. Voy a por ellas. Corriendo.
-¡¿Qué, ya acabaste?! -me grita.
-No me has dado tiempo...
-¡PUES YA ESTÁS TERMINANDO, ASQUEROSA! ¡Que das asco! ¡Tú, y todo lo que tú dices! ¡Por eso todo el mundo prefiere a tu hermano, puta, porque él al menos es una persona, no como tú!
Bajo la mirada y no contesto.
-¿No me vas a decir nada? -me pregunta ella, gritando.
-Vale, ya voy, pero no te pongas así. No hace falta que te pongas de esa manera.
-¡Pero no me contestes!
Confusa, sin saber lo que quiere de mí, no digo nada, continúo con la mirada baja.
-Y mírame cuando te hablo -añade.
La miro a los ojos sin ningún tipo de expresión en la cara. No lloro, no estoy ceñuda, nada. Sólo tengo cara de poker.
-¡Pero no me mires con esa cara! ¡A mí me miras bien, eh! ¡A mí me miras bien!
-Mamá, cuando te aclares, hablamos. Porque yo ya no sé cómo tratarte, sinceramente -me apresuro a meterme en mi habitación y cerrar, mientras las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas. Así es día tras día, semana tras semana, mes tras mes, desde los doce años. Tengo catorce. Dos años. Dos.
Empiezo a recoger la escasa ropa que no está en el sitio y las pocas cosas desordenadas que tengo.

La oigo acercarse por el pasillo con paso presuroso. Pánico. No siento las piernas. Veo la puerta acercarse. Me muevo hacia ella. Miedo. Desesperación. Quiero mantenerla cerrada. Impotencia. Falta de tiempo. Abre la puerta. Sus ojos azules destellan rabia y odio. Veo sus manos. Las siento en la cara. Caigo. Suelo. Dolor. Labio. Sangre. Dolor, y dolor, y dolor. La miro. Me mira con odio. "Para que aprendas, y a llorar al parque, que aquí no se te quiere". Portazo. Otro portazo, esta vez en la entrada de la casa. Otra vez. Mi padre tras de ella. Agonía. Llanto. Cojín. Grito. No me sirve. Le pego. No me sirve. Una aguja clavada en mi piel. No me sirve. El cúter. Una vez recurrí a él. Prometí no volver a hacerlo. Me siento morir. Dolor emocional. Veo mi mano coger el cúter. Una raja en la mano. Dos. Tres... Veinte. No me siento mejor. Me he pasado veinte veces la afilada hoja por la misma herida. Sangre. Dolor lacerante. Alivio. Me echo sobre la cama. Río de una forma histérica. Me asusto de mí misma. Me hace gracia mi miedo. Río. Lloro. Río. Lloro. Las dos cosas. Río y lloro.

Lo siguiente que recuerdo. Estoy llorando sobre mi cama. El cúter en mi mano derecha. La izquierda llena de rajas , no solo en la mano, sino a lo largo del brazo también. No lo recuerdo. Culpabilidad.
Esto es lo que vivo.
Mi realidad de cada día.
Mi suplicio, mi calvario.
La razón de mi muerte.

11.12.10

Y cuando pienso que me he enamorado, ¡puf! va el amor y desaparece.

A ver, tenemos un pequeño problema. Para explicaros ese problema, tengo que remontarme a algo que ocurre desde hace un tiempo: que yo, Mae, estoy enamorada de un chico que se llama Ian. Bien, pues Ian se empezó a fijar en mí hace un tiempo, y hace otro tiempo lo descubrí, y actualmente estamos saliendo. Síí, todo muy bonito, muy sentimental, muy todo. Pero tengo un ligero problema:
¡¿Por qué cuando el amor es no correspondido es fortísimo, y cuando se corresponde no soy capaz de amar?!
Al principio pensaba que le quería en serio, pero me he dado cuenta de que tan sólo estoy con él por atracción física... Lo cual va contra de todos, absolutamente todos mis principios. 
Le deseo, pero no le amo; quiero amarlo, pero no puedo. Quiero quererle, porque sé que él me quiere de verdad. Pero no, mi corazón ha decidido tomarse un respiro justo ahora. Qué bien *sarcasmo*.
Lo que pasa es que yo lo último que quiero es dañar a las personas que aprecio (sea de la manera que sea) y menos a Ian, que es tan sensible... No sería capaz de decirle nada ni aunque quisiera.
Bueno, queridos seguidores, me voy. Son las dos, estoy cansada, tengo sueño y ganas de pensar. Muy buenas malas noches.

4.12.10

Resulta que cierta personilla se ha dignado (por fin) a renovar su blog

Y después de estar casi un mes sin renovar, renuevo. (Tómalo, aún no me he muerto).
Mi vida ha dado un giro de estar totalmente desastrada a estar totalmente... no sé. Genial es poco. 
Por mi parte, yo, he pasado un período depresivo, uno demente, y ahora mismo estoy en el período sarcástico-embobalizado (no sé si se nota mucho o qué). 
Dios, sigo con la inspiración por los suelos, no sé qué cojones escribir, no me salen las palabras (oh, sí, también estoy pasando el periodo de ciencias). De repente no sé cómo expresarme o no encuentro palabras para sacar hacia fuera lo que siento... 
¿Veis? Como ahora. La palabra perfecta sería frustración, ¡pero no es perfecta!
Sí, es la primera vez que escribo en el blog con el período sarcástico-embobalizado. Creo que esta vez durará un tiempo. Sí, ya sé, soy rara. Si no os gusta, no leáis, simple.
Dejo así la entrada porque como siga escribiendo me voy a armar un lío de pensamientos y no me hace gracia tener un trabe mientras estoy embobada. Ya me estoy trabando. Oh, Dios.
Ya está. No añadiré nada, absolutamente nada más. A ver si las musas vuelven a mi cabeza y escribo algo que no sea una tontería...

Y desde que me besaste, anhelo ese momento cada día, como si cada vez fuera la primera. Todos esos pequeños instantes quedan grabados a fuego en mi memoria y cuando el desaliento, la impotencia, la tristeza, pesadumbre, aflicción, pesar, dolor, amargura, la pena, todo; cuando todo me ataca y parece querer hundirme, siempre están ahí esos momentos que recordar, esas sonrisas derrochadas junto a tí.