Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

29.8.10

Cosas de la vida X

Seis meses después, Mae se resigna a vivir sin interesarse por nadie, es medianamente feliz. Las cosas con Adri están medianamente arregladas y ellos están medianamente de amigos, estudiando como siempre en la casa de Adri...

- ¿Qué le dirás entonces al pive éste que te pidió salir? -dejó el libro de matemáticas sobre la mesa, como tantas veces.
- Que no, por supuesto - contesté sin pensar. Por supuesto.
- Tienes que buscarte un novio, ¿sabes?
- La última experiencia que tuve no fue especialmente satisfactoria, ¿recuerdas? - le miré con suspicacia.
Adrián bajó la mirada con pesar.
- Lo siento -me disculpé-. Ya sabes cómo soy.
- Sí, un poco demasiado directa.
Me enfurruñé un poco y resoplé. Sin querer levanté la mirada. Me encontré con unos ojos oscuros casi negros escrutándome con curiosidad, acariciando mi piel y mi pelo, clavándose en mí como mil agujas, de una forma tan intensa y tan especial que me sentí abrumada. Su mano me acarició me acarició el pelo y luego el cuello. Bajé un poco la mirada, y mi mano acudió a la suya. Se acercó un poco a mí, y yo hice lo mismo. Me acercó más y oí un susurro de sus labios en mi oreja.
- ¿Estás segura de lo que estás haciendo?-su respiración contra mi piel me daba escalofríos.
- En lo más mínimo-noté que apoyaba los labios contra mi cuello. Del cuello pasó a la mandíbula y de ahí a mis labios. Mi cuerpo, al contrario de hacía seis meses, respondía a sus besos y caricias con más y más. Y yo seguía pidiendo más de Adri. Se recostó sobre mí. Mi cabeza daba vueltas y más vueltas. 
De pronto, me dí cuenta de la situación y de que Adri deseaba más. Le separé un poco de mí.
- E-espera... esto...
-Lo s-siento... -sus ojos me penetraban y resoplaba. Me dí cuenta entonces que yo le había quitado la camiseta sin darme cuenta. Me deleité. 
-¿Y si... y si volviésemos?
Sellado quedó con un beso.

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