Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

31.7.10

Las razones

"Inspira, expira, inspira, expira"
Al fin el ascensor llega al 22º piso. Unas cuantas escaleras más y listo. La azotea.
Doy unos cuantos pasos hacia el borde. "Inspira, expira, inspira, expira" Me asomo. Veo la calle a una tremenda altura, y me da vértigo. Me subo al bordillo.
Veo cómo la gente se arremolina en la acera y cómo algunas manos señalan hacia arriba, hacia mí. Alguien grita: "¡Se va a suicidar!" Se oyen murmullos asustados. Sonrío y lloro. Qué gente.
"Inspira, expira, inspira, expira"
Todo comienza a ir a cámara lenta. Supongo que cuando te queda poco tiempo de vida, todo es distinto, más lento, más sencillo.
Al fin me decido a tirarme. Pienso a una velocidad descomunal, y los segundos son eternos. Casi no me siento caer.
Recuerdo a Mike, su muerte hace hoy exactamente doscientos cincuenta y siete días. Recuerdo su cara de terror cuando aquel terrorista le apuntó con una pistola a la cabeza diciendo: ¡que nadie se mueva! Recuerdo los policías llegar y el terrible sonido de un disparo. El horrible agujero de su cabeza. Mi llanto. Mike. Mike Mike. No he dejado de pensar un solo día en tí, Mike. Mike, me reuniré contigo de nuevo.
Recuerdo a mi padre, el que nos abandonó hace apenas unas semanas, después de tenernos años acosados a mi madre, a mí y a mis tres hermanos pequeños. Recuerdo a mis hermanos, llegando a casa con miedo. Me recuerdo a mí misma decir: "venga, entrad y cada uno a su habitación, yo hago la comida". Recuerdo cada vez que contestaba: "uh, vaya, pues no sé cómo me habré hecho esto". Los gritos, los días de estar y no estar...
Recuerdo que siempre he sido un poco gótica. Recuerdo el primer día mirándome raro, el primer día preguntándo por qué vestía así, el primer día que insultaron a los góticos, el primer día que me insultaron a mí y el primer día que, como era previsto, me pegaron. Recuerdo todo el daño moral que llevo recibiendo desde hace exactamente doscientos treinta y tres días. Recuerdo las humillaciones públicas, las risas, el estar esperando tiempo y tiempo hasta que ellos se fueran de la entrada y así poder salir "tranquila"...
Tan sola como una simple palmera en medio de un desierto, tan perdida como una gota que cae en el mar, tan triste como ese color azul grisáceo que tenía por iris del ojo...
En esas circunstancias fue cuando decidí dejar de vivir seguir muriendo para estar muerta definitivamente.

Vaya, qué cerca veo el suelo.

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