Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

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¿Ves la oscuridad?

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¿Percibes el dolor?

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¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

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8.4.10

"No pierdas la esperanza"

Es el único claro que hay en todo el bosque. El cielo, totalmente despejado, es del color del azabache, negro, oscuro; salpicado por pequeñas estrellas, cuales diminutos trocitos de diamante. A los alrededores hay árboles, todos de hoja perenne, y se puede percibir levemente el olor de lejanos eucaliptos. El rocío está congelado en las hojas, dando la impresión de que los árboles han sido adornados por el más detallista de los decoradores, que cada árbol ha sido creado por un artista distinto, porque cada árbol, aunque sea de la misma especie que otro, es distinto al anterior, y a todos los demás. La hierba, milagrosamente corta, parece suave y mullida, pero el agua helada está posada sobre ella, tan dura y transparente como el cristal, tan delicada como los pétalos de las rosas, y hace ser dura a la hierba. También pequeñas flores violetas de invierno están desperdigadas por el prado verde blanquecino, cuales espíritus errantes vuelan por el cosmos, cuales dientes de león flotan en el aire.
Y ahí, en medio de todo, hay una chica vestida con un suave vestido de tirantes, como si el misterioso, penetrante y duro frío no le hiciera nada. Ésta se haya en el centro del prado, sentada, y sostiene una flor violeta congelada en sus manos.
De pronto, alza su vista hasta mí, y sus ojos, -casi tan claros como su blanco pelo, que le llega hasta la cadera, su piel, que parece la de una persona albina, o su vestido, que es del blanco más puro que se pueda imaginar- se clavan en los míos como alfileres.
Seguidamente, se levanta, y camina hacia mí como si los cristales de hielo que hay en el prado no le hicieran daño en sus desnudos pies. Cuando llega a mí, me alza las manos, posa allí la flor congelada con la cual jugueteaba antes. Luego, me rodea la cara con las manos, que están tanto o más congeladas que los cristales de hielo que cubren el prado, y me dice, con la voz susurrante: "Nunca, jamás, pierdas la esperanza de tus pensamientos. Nunca, jamás, te des por vencida." Y después, lentamente, se desvanece. "Ángel de la guarda" son las únicas palabras que acuden a mi mente....

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